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13 abril 2009

Premio al riesgo

Debido a la vasta cantidad de información que tenemos hoy en día es complicado descartarse fácilmente de todo lo que se nos oferta en los panfletos de publicidad. Sobre todo si tienes un síndrome de Diógenes tan grave como el mío.

En una visita de caña a la cafetería XXX pude enriquecer el montón tarjetas que se acumulan en la espaciosa mesa de mi sala de estar. Como la publicidad estaba bien direccionada para un animal en primavera, se repetía tres veces la palabra sexo. Así que teniendo a tres fáciles víctimas en acompañarme este fin de semana, el plan del sábado noche empezaba con una visita al Espacio Escénico DT.

La obra no engañaba en su publicidad. El tema era claramente seguido en los diálogos de la obra. Pero, justamente, eso es lo que le faltó. La obra tenía unas conversaciones bastante limitadas en su duración pero la estructura solventaba ampliamente este defecto. Un alto número de escenas musicales y unos medios aprovechados hasta el último kilovatio. En resumen, el buen hacer y el saber explotar un concepto de teatro. Me encantó la idea de grupo que declara la productividad a gritos sin caer en la asquerosa cara de los papeles verdes.


Estoy completamente encantado con el disco Yoav. Lo he vuelto a descubrir y no puedo parar de escucharlo.

26 junio 2008

Dexter


Todos hemos pensado en nuestra propia muerte, hemos deseado el paso al otro mundo a alguien que nos ha hecho daño, hemos sufrido la muerte de un ser querido,… pero hay alguien que haya sobrepasado el umbral. Si supieras absolutamente que alguien puede diferenciar entre bien y mal, le darías la potestad de castigar con la muerte. Ese poder le han dado millones de espectadores a Dexter. El personaje tiene un morbo especial, esa sonrisa que sólo arruga una mejilla, esa mirada que se siente en la nuca y esa supuesta clemencia que es un intermedio para la sangre.

Así que cuando terminó la serie me lave los dientes para quitarme el gusto de la presión de mi mandíbula contra el paladar. Miré a mis ojos en el espejo y se convirtió en kilómetros la profundidad de mis pupilas. Me retiré la pasta de dientes como si fuera el mismísimo Aníbal Lécter y convertí una de mis mejillas en anciana.

La banda de sonora de esta serie se la concedería al gran Elfmann. Aunque una de las canciones que he descubierto últimamente sería perfecta para ese cambio de la ingenuidad a las distancias largas. ‘Adore adore’ de Yoav.