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20 octubre 2007

Habrá que predicar con el ejemplo...

Muchas personas responden a la pregunta ¿qué quieres en tu vida?, Felicidad. Qué bonita palabra, como se te llena la boca con esta meta de cuatro silabas. Sencillo, sí parece sencillo, de decir. Pero la nostalgia de algo inalcanzable no va a ocupar este blog. No quiero que la gente que debe conseguirla la pierda en unos puñados de líneas de alguien que no sabe que halago es con hache. Todo lo contrario.

Está lejos de mi intención dar decálogos propios de psicólogos que venden consejos o Iglesias que prohíben comportamientos naturales en el ser humano. Descuida el silencio que os daré, no será hueco. Piensa en sonreír, pero no a tus pies, no te lo crees ni tú. Levanta la barbilla. Despreocúpate del dolor que vendrá. El amor que duele es el que no fluye naturalmente, porqué, porque lo sujetas tan fuerte en tu interior que se acumula en tu pecho. Los que más capacidad para amar son los que más sufren, por esa es la razón. No sufras de manera idiota, y en cierta medida no seas egoísta. Comparte tu gran cualidad, no midas los besos, los abrazos, las caricias, las miradas, los halagos, la duración de una satisfactoria sonrisa. La felicidad no es sólo la respuesta ante una pregunta hecha.


PD: He buscado menores acordes en las canciones, tristeza que escuece como el vinagre, ahogar la esperanza. Estúpido, ridículo y absurdo, eso es lo que me querías llamarme pero tuvo que decírmelo esta noche ella. Creí que podría ser una versión desde tu boca.