27 agosto 2008

Abstracción

No es la primera vez que me he quejado y me quejaré de convertirme en adulto. Me tiene preocupado. No me gusta cómo a medida que nos hacemos mayores, utilizamos el método de abstracción para procesos frívolos, y dejamos de lado el conocimiento. El mismo proceso que nos sirve para sacar conclusiones y utilizar el método hipotético-deductivo nos hace participe de acciones como prejuzgar. Estoy en ese momento en el que sé que el cambio se va a producir, y consecuentemente perderé la inocencia. Me parece sorprendente cómo el proceso que nos genera conocimiento nos coloca un cono alrededor del pescuezo como a los perros.

E intentando generar un link entre la música que propongo y la entrada, aquí os dejo estos dos videoclips. Debido al shuffle del iPod, he caído en el 'cierto' parecido de estas dos canciones,

'The Centre of my Heart' - Roxette




'I Want You' - Savage Garden

23 agosto 2008

Ricismo


No romperemos la carrerilla de los últimos días, así que incluso en domingo, precediendo a los manjares del mediodía de mi niño, voy a cumplir la promesa del jueves. Debido a mi vacío de ideas, decidí en vacaciones apuntarme en una libreta ciertas ideas que después pudiera desarrollar. Hoy ya he tenido que echar mano de ella y utilizar esta pantalla como despertador de un día repleto de cadenas.

Durante las vacaciones, tienes la posibilidad de deleitarte con pararte en seco y disfrutar de todo lo que está a sólo un brazo de tu alcance. La mayoría de las veces es el mando a distancia lo que cae en tus manos. En cambio, cuando estás en una cafetería, la que ocupa tu tiempo es una de esas revistas de moda o 'de mujeres' que no disfrutas a lo largo del resto del año. Siempre me ha gustado 'leerlas', tienen ese tipo de atracción que posee la telebasura, no puedes dejar de ver anuncio tras anuncio, fotografía tras fotografía e incluso artículo tras artículo. Todo este tipo de publicaciones estaban prohibidas, por ese extraño ricismo que poseía, hace unos años. Sí, ese tipo de integrismo 'independiente' que se ha anclado en mi generación.

Nunca he llegado a extremos, ya que al igual que nunca podré ser fan de nadie tampoco he practicado un grado de 'guaycismo' tan exagerado. Pero ayer, en una tripada de televisión, descubrí a uno de estos ricistas que practican la misma intolerancia que predican. Un chico de Carabanchel ha hecho 10.000 kilometros desde la puerta de su casa hasta Pekín. No voy a criticar su proeza, lo que me parece vergonzoso es la manera que tiene de ridiculizar a la gente que prefiere viajar alojándose en hoteles. Todo esto además aderezado con el hecho de que se dedica a dar clases de golf. Puede ser que yo esté realizando la misma tarea, pero si alguien no hubiera criticado a los que juzgan, no hubiéramos mejorado en nuestro supuesto desarrollo.

22 agosto 2008

Más rabia que amor


Como empiece la temporada con juegos de palabras tan ágiles como el título de esta entrada, blogspot me va a encabezar el blog con una advertencia de "peligroso, cuidado con tu cabeza". Por lo menos, he cumplido la sencilla promesa de resucitar. Además, lo voy a hacer con una crítica sobre algo de lo que no tengo ni pajolera idea: la lectura. Como Aída a la pregunta "¿Cuál es el último libro que has leído?", respondería "¿Aceptamos etiqueta de champú como libro?"; vamos, que no he sido diseñado para ese menester ("qué chula esa palabra, repítela, repítela" - Aída).

A pesar de todo eso, me voy a disponer a criticar un libro, y lo mejor de todo, sin leerlo y al peso. No sé si conocéis la trilogía que comenzó Juan Ernesto Artuñedo con 'Peluche', pero, en pocas palabras, es una novela que cuenta la historia de un chico al que le gustan los hombres con barriga (sí, me sentí un poco identificado). Entrando en terreno personal y determinando de ahora en adelante una mueca en la cara de mis amigos cuando se encuentren enfrente de mi librería, con su primer libro descubrí la masturbación lectora. Esta terminología no pretende ser metafórica. Tras darme cuenta de que cada vez que aparecía una escenita subida de tono me animaba, decidí probar suerte, y espero tener la misma cantidad de suerte en el próximo Euromillón.

Pero lo que realmente quiero comentar es lo indignado que me sentí al leer el segundo y al ver el tercero. En el segundo libro, el primero de la trilogía, Juan Ernesto pierde fuerza e imaginación a la hora de describir las sensaciones de este chico. Se puede justificar con el temperamento inocente del personaje, ¿pero ese chico no tiene imaginación o qué? Es un adolescente y, otra cosa no, pero hormonas... Mi cabreo aumentaba a medida que leía, ya que no despegaba y el libro era mucho más corto que 'Peluche'.

Tras una lectura de polvo insatisfecho, me contenté con la idea del redoble final de una obra digna de estar en mi almohada. Pero nada, el lunes, al acordarme de revisar si ya habían lanzado la tercera entrega, me di de cruces con la realidad. Más corto y al mismo precio. Así que he decidido no comprármelo, porque no creo que las 100 páginas, que dura el libro, transcurran en la cama del protagonista rodeado de gorditos con una banda sonora de Radiohead. Quien lo iba a decir, Aída desprecia un libro por ser demasiado corto, no sé si será por lívido o por afán lector.

21 agosto 2008

Introduction

Antes de empezar este post, si no tienes muchas ganas de leer hoy, busca otro blog que será más interesante que esta entrada de tránsito. Eso sí, a partir de mañana tú y yo estamos obligados a ser más constantes y volver al ritmo que en algún tiempo tuvo este diario personal.

Después de unas largas vacaciones, que me han recordado a esa época de colegio en la que durante dos meses el tiempo estaba bajo mi tutela, me dispongo a intentar continuar lo que empecé hace ya casi un año. Últimamente he tenido que tomar una decisión en contra de la opinión de mis jefes, y eso me ha hecho reflexionar sobre mi manera de ser. Seguramente hace unos años hubiera seguido a pies juntillas las directrices que me hubieran propuesto aunque no lo compartiera con ellos, pero gracias a Dios el sentido común se ha hecho paso. Sin embargo, debido a mi mentalidad de bucles, tengo un sistema de corrección que me hace preguntarme demasiadas veces las consecuencias del camino B.

Todo esta sarta de tonterías se puede resumir en el décimo mandamiento del decálogo que escribí en mi libreta durante las vacaciones: "equilibrar todo lo anterior sin agobiarse por el simple hecho de no llegar". En definitiva, ya veré si escribo mañana una nueva entrada.