Uno de los hábitos que tomé en Londres consistía en ir a comprar el desayuno con las legañas puestas. La verdad que en España no lo he realizado muy frecuentemente, pero ayer fue uno de esos días. Me levanté un poco antes que mi chico y decidí ir a comprar un acompañamiento apropiado para el Nesquik. Seguramente en España esta costumbre no tiene muchos seguidores porque vivimos en bloques de apartamentos y en Gran Bretaña en cambio al abrir la puerta de tu casa ya te encuentras al nivel de la acera.
Al verme en el espejo del ascensor me di cuenta el careto que debía vestir cuando iba a comprar los deliciosos dulces de la panadería turca de Seymour Road.
En la desidia que conlleva el comienzo de las vacaciones mi visita al take away de la cena fue más o menos con la misma ropa. Esta vez me decliné por un pantalón largo, pero con la comodidad que Joey de Friends llamaba ‘en plan comando’. Baje en el ascensor y el espejo y yo continuábamos enfadados. Yo no le aguantó por su sinceridad y él tampoco me piropea con frecuencia.
La verdad que la poca cantidad de ropa no fue premeditada. Me di realmente cuenta en la calle. Empecé a andar en busca de una cena del gusto de mi chico por Bravo Murillo. Mi rapidez al vestirme hizo que no fuera muy concienzudo en atar el único punto que me permitía mantener mi intimidad. En uno de mis largos pasos el botón se soltó y su no hubiera estado rápido hubiera mostrado mi nuevo afeitado en Estrecho.
Respecto absoluto para los naturistas.
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26 julio 2009
Hábitos adquiridos
29 noviembre 2007
Un skyline de "Roca"
¡Estoy sin calentador!
Realmente ya lo tengo arreglado, el sufrimiento de estos tres últimos días ha concluido. En cuanto a la calefacción no ha sido tan horrible, pero no sé si conocéis el sufrimiento de una ducha con agua fría en invierno. Tienes que prepararte para ello con al menos dos horas de antelación. “No seas guarro, tienes que limpiarte, y no vale con lamerse como los gatos”. Cuando has pasado esta primera barrera te encuentras con tus dos pies enfrentados en la bañera. Tú cuerpo está acurrucado como pidiendo perdón, tus rodillas medio dobladas preparadas para la penitencia. Pruebas buscando el indulto en el lado rojo de grifo, pero va a ser que los milagros de ese Dios no se fijan en estas pequeñeces del día a día.
¡Allá vamos!, me intento convencer que tampoco es tan malo, pero empeora a media que asciendo por encima de mis tobillos. Y aquí es donde me percató del comentario de este post. Los principales indicadores de frío de mi cuerpo empiezan a coger altura, sí ellos, mis pezones. En mi pecho apareció el Skyline de una ciudad del siglo XXI, pero no tiene que envidiar ni a Barcelona ni a Londres. En la mía tengo a la torre Agbar y la Swiss compartiendo los límites de mi Central Park.
Puede ser que esta descripción haya ruborizado a alguien o incluso puesto mal cuerpo a algún puritano, así que vamos a culminar la tarta. La construcción de estos dos edificios se vio simultaneada en los planes del ayuntamiento, con la demolición térmica de otro edificio que en otros momentos da prestigio a la ciudad.
Realmente ya lo tengo arreglado, el sufrimiento de estos tres últimos días ha concluido. En cuanto a la calefacción no ha sido tan horrible, pero no sé si conocéis el sufrimiento de una ducha con agua fría en invierno. Tienes que prepararte para ello con al menos dos horas de antelación. “No seas guarro, tienes que limpiarte, y no vale con lamerse como los gatos”. Cuando has pasado esta primera barrera te encuentras con tus dos pies enfrentados en la bañera. Tú cuerpo está acurrucado como pidiendo perdón, tus rodillas medio dobladas preparadas para la penitencia. Pruebas buscando el indulto en el lado rojo de grifo, pero va a ser que los milagros de ese Dios no se fijan en estas pequeñeces del día a día.
¡Allá vamos!, me intento convencer que tampoco es tan malo, pero empeora a media que asciendo por encima de mis tobillos. Y aquí es donde me percató del comentario de este post. Los principales indicadores de frío de mi cuerpo empiezan a coger altura, sí ellos, mis pezones. En mi pecho apareció el Skyline de una ciudad del siglo XXI, pero no tiene que envidiar ni a Barcelona ni a Londres. En la mía tengo a la torre Agbar y la Swiss compartiendo los límites de mi Central Park.
Puede ser que esta descripción haya ruborizado a alguien o incluso puesto mal cuerpo a algún puritano, así que vamos a culminar la tarta. La construcción de estos dos edificios se vio simultaneada en los planes del ayuntamiento, con la demolición térmica de otro edificio que en otros momentos da prestigio a la ciudad.
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